domingo, 14 de diciembre de 2014

El Alentejo portugués, espíritu de lo auténtico

El Puente de la Inmaculada nos permitía tener unas mini vacaciones, desde el viernes hasta el lunes.  Decidimos hacer una escapada pero, ¿cuál sería el destino? Queríamos ir a la Sierra de Aracena en Huelva pero a falta de pocos días para el inicio del puente, no había casi nada y lo que quedaba era carísimo. Y de repente, se nos ocurrió que podíamos conocer mejor ese gran amigo y vecino que es Portugal. Nos situamos en el mapa y pensamos que una buena opción podría ser el Alentejo, región en el centro del país luso.
Ya teníamos la zona. Ahora debíamos elegir un punto estratégico como centro de operaciones desde el que movernos hacia las excursiones y destinos que pensamos conocer. Évora era el sitio perfecto.
Al buscar alojamiento vimos que podíamos quedarnos en una herdade, una finca rural con la opción de elaborar nuestro propio queso y de estar en contacto directo con animales de granja. Era el sitio perfecto para los niños pero nuestro gozo quedó en un pozo porque cuando fuimos a reservar, ya no quedaban habitaciones. Para otra ocasión, nos apuntamos el sitio. Se llama Herdade da Amendoeira, a unos quince kilómetros de Évora.
Finalmente reservamos un bungalow muy bien equipado, nuevo y económico que nos permitía cocinar y tener más independencia con los niños. En él hacíamos el desayuno y la cena; para el almuerzo preferimos conocer la gastronomía local. Por merecimiento cabe mencionar el nombre del alojamiento: Parque de Campismo Orbitur Évora.

DÍA 5 DE DICIEMBRE: VIAJE EN COCHE
Estuvimos toda la tarde de viaje. Íbamos preparados en el coche con música infantil, canciones, juegos y capítulos interminables de Peppa Pig. El viaje se pasó rápido y más teniendo en cuenta de que en Portugal hay una hora menos.

DÍA 6 DE DICIEMBRE: ÉVORA Y CASTELO DE VIDE

Évora
Abría el día cuando llegamos al centro de la ciudad de Évora. Esta ciudad, de unos 50.000 habitantes, se sitúa en el corazón del Alentejo y presume de ser Patrimonio de la Humanidad desde 1986.
Es la segunda vez que disfrutamos de esta ciudad histórica pero la primera que nos acompañan dos pequeños viajeros que están aprendiendo a valorar el patrimonio con curiosidad y energía.


Pues bien, tras pasar por la oficina de turismo y escuchar villancicos en la Plaza de Giraldo enmarcados por un gran portal de Belén situado en la escalinata de la iglesia de Antao, nos dirigimos hacia la Catedral. La calle que enlazan ambos puntos estratégicos está plagada de puestos con souvenirs y artesanía local. Destaca la capa alentejana, abrigo tradicional de lana, de distintos largos y con parecido a la capa española pero en variados y cálidos tonos.
La Catedral de Santa María, construida sobre una antigua mezquita, saluda a los turistas con un pórtico apuntado, enmarcado con arquivoltas que nos invita a entrar. El interior destaca por su altura dividida en tres naves, arcos de medio punto y con una planta de cruz latina. El altar mayor está presidido por una imagen de la virgen María embarazada. Tras pasear lentamente y contemplar los azulejos y pinturas de las paredes, pasamos a visitar el claustro adyacente. Del siglo XIV, el conjunto está formado por arcos apuntados góticos que ofrecen un aspecto majestuoso. Se puede acceder al piso superior por unas escaleras de caracol que nos ofrecen buenas vistas de todo el edificio y de los edificios circundantes.



 A pocos metros de la catedral, podemos contemplar el Templo de Diana. Sus esbeltas columnas se erigen desafiando al viento y al frío y al paso del tiempo que ha hecho que el foro romano de Évora apenas se conserve. Y sin salir de la plaza, pasamos de época antigua al período medieval. Nos adentramos ahora en la Iglesia de San Joao Evangelista y en el Palacio de los Marqueses de Cadaval. Puedes visitar ambos edificios en una entrada conjunta de 2,5 €. Los niños no pagan.
De la iglesia cabe destacar sus magníficos azulejos al más estilo portugués y dos trampillas, una con huesos humanos y otra con un pozo. Asomarse es uno de los “pecados mortales” de cualquier niño que se precie.
Al palacio se accede por un patio lateral. Es muy recomendable su visita por los objetos que contiene, las pinturas y lo bien conservado que está. Muy curioso nos resultó el juego de maletas de Louis Vuitton, completísima y antiguas. También es de mencionar la cocina cuya chimenea sigue en funcionamiento.
Adyacente al edificio se encuentra una de las Pousadas históricas de Portugal, el Palacio dos Lóios, un alojamiento similar a los Paradores españoles.
Tras salir al radiante sol de diciembre, callejeamos para encontrarnos con la universidad de Évora, la segunda más antigua del país luso tras la de Coimbra. Posee un claustro digno de admiración, unos pasillos que destilan conocimiento y multitud de aulas abiertas que se pueden observar.

Y llegó la hora de comer casi sin darnos cuenta. Estábamos un poco cansados así que decidimos comer. Pensamos no ver lo que nos falta de la ciudad porque ya lo conocimos en la anterior visita. Sin embargo, hay que recomendarlos: la Capela dos Ossos (Capilla de los Huesos), una pequeña cripta con multitud de huesos humanos bastante tétrica y curiosa y el Jardim Público, un espacio verde abierto con patos, pavos reales y otras especies acuáticas que gustarán a los pequeños y mayores.

Castelo de Vide:
Aprovechamos la hora de la siesta para dirigirnos a esta bella localidad situada a 120 kilómetros de Évora. Se trata de un pueblo de algo más de 3.000 habitantes. Su castillo imponente nos saluda desde lo más alto y su judería nos atrapa con tan solo callejear por sus empedradas vías. Debido a que en diciembre anochece sobre las cinco de la tarde, no nos dio tiempo a saborear este pueblo lo que se merece. Posee un pasado histórico intenso y un patrimonio que cuenta con sinagoga, recinto fortificado, fuentes monumentales y una inmensa plaza presidida por la estatua de Pedro V y la iglesia de Santa María de la Devesa. En total, se contabilizan 24 iglesias y ermitas que se entremezclan con sinuosas callejas y antiguo pasado.
Nos faltó luz y día para conocer mejor esta población a la que prometimos volver.



DÍA 7 DE DICIEMBRE: MONSARAZ, TERENA, VILA VIÇOSA Y ESTREMOZ

Monsaraz
Este pequeño pueblo fortificado está situado sobre un promontorio y podemos decir sin temor a equivocarnos que es un museo al aire libre. Recorrer sus calles nos devuelve directamente al medievo y sus vistas nos hacen contemplar un río Guadiana espléndido que se abre con varios brazos de agua pareciendo que abraza a esta tierra turística y bellísima.


Es totalmente peatonal y tiene sólo dos calles, la Rua Direita y la Rua de Santiago.
El corazón de la villa es la Igreja Matriz.  En la misma plaza hay un peculiar picota del siglo XVIII coronada por una esfera del universo.
El castillo tiene un torre del homenaje (Torre de Menagem) de forma pentagonal y levantado en el siglo XIII por el Rey Afonso III. En su interior, se celebran corridas de toros y otros espectáculos adaptados al espacio. Desde el Castillo se tienen unas vistas espectaculares que requieren fotografías para el recuerdo.
Al encontrarnos en fechas prenavideñas había un Portal de Belén a tamaño real repartido por todo el municipio. Personajes de todo tipo te acompañaban en el paseo por las calles y rincones de la aldea.
Son destacables también las exposiciones de arte y de artesanía que se abren al visitante ofreciendo una mezcla de tradición y modernidad.



Terena
Este es otro pequeño pueblo del Alentejo que destaca por ser uno de los lugares documentados más antiguos de Portugal. Todos los pueblos y civilizaciones desde hace 5000 años han pasado por sus tierras y han dejado sus huellas. Hoy día destacan su castillo (aunque su interior es diáfano) y su iglesia. No está tan orientada al turismo como otras y no nos detuvimos mucho más que el tiempo de encontrar algunos rincones fotogénicos y poder observar el ritmo lento de sus habitantes.



Vila Viçosa
Esta población de algo más de 5000 habitantes se divide claramente en dos partes. Una situada en el castillo fortificado que se alza sobre una colina y otra segunda que se abre entre la Plaza de la República y el Palacio Ducal.
Pasemos a repasar nuestro paso por el lugar más elevado. La iglesia de la Concepción es el Santuario nacional que alberga a la patrona de Portugal, la Virgen de la Inmaculada Concepción. Por las fechas de nuestra visita pudimos ver la devoción que despierta la imagen, montada en su trono para ser procesionada el día 8, esto es, un día después de nuestra llegada. Habían autobuses visitando el templo y multitud de personas encendiendo velas.
El santuario, erigido dentro del conjunto fortificado, fue terminado en el siglo XVI. Destacan sus azulejos típicamente portugueses y sus altas columnas dóricas que separan las tres naves de las que consta la edificación.



En el mismo recinto, se encuentra el Castillo de Vila Viçosa. Construido en 1270, bajo el patrocinio del rey Afonso III, a lo largo de los años ha sufrido numerosas reconstrucciones. Fue residencia real hasta 1501, momento en el que el tercer duque de Bragança fue ejecutado por traición y su hijo no quiso residir en él y mandó construir el palacio real.
El castillo cuenta con unos grandes fosos y con museo de caza y de arqueología que no llegamos a visitar porque no nos cuadraban los horarios.
Cuando bajamos a la Plaza de la República buscamos un sitio para comer. Nos gustó una taberna situada en una pequeña calle paralela, la Taberna do Belhuca. El vino y los platos alentejanos tradicionales bien merecen una parada. Las migas alentejanas y la sopa de tomate estaban exquisitas y el precio económico y asequible.

Tras reponer fuerzas, nos dirigimos hacia el Palacio Ducal de Bragança (s.XVI-XVII), un imponente edificio que acogió a la primera familia de la nobleza portuguesa hasta principios del siglo XX. La visita se hace con guía y en portugués pero te aporta mucha información. La entrada cuesta por persona 6 Euros. Las estancias más nobles se sitúan en la primera planta. Muchos de los elementos que se muestran son originales (pinturas, muebles, tapices,..) y entre varias curiosidades, destaca por poseer el mayor número de piezas de cocina de cobre de Europa. Es de subrayar también la extensa armería del palacio y la exposición de carruajes.


Estremoz
A unos 20 kilómetros de Vila Viçosa se sitúa este otro municipio que tiene una coincidencia con el anterior. Está dividido en dos partes: la alta medieval y la baja moderna.















En la parte superior encontramos el recinto amurallado, iglesias, la Torre de las Tres Coronas y la Pousada de la Reina Isabel, un alojamiento señorial con una cafetería que invita al descanso y a la relajación. Al ir con niños no era nuestro caso así que nos asomamos para verla y en eso consistió nuestro relax. A la Torre de las Tres Coronas se puede subir para contemplar el paisaje alentajano de Estremoz y para marcarse unas buenas fotografías con esa luz del atardecer que dura pocos minutos.











La parte menos elevada de la localidad se abre en torno a la plaza de Rossio. En ella encontramos multitud de bares, comercios y la oficina de turismo. También podemos observar rasgos modernistas en algunos de sus edificios. En esta parte de la ciudad podemos visitar, entre otras posibilidades, el Museo Rural, la Iglesia de San Andrés y la grandiosa fuente dedicada a Neptuno que se sitúa en el centro de la misma portando no un tridente como sería de esperar, sino una hoz.
El día ha dado mucho de sí. Hemos conocido rincones que nos acercan más a esta tierra y los niños hasta les han pedido los regalos a los Reyes Magos de Vila Viçosa. ¿Sólo los niños?

DÍA 8: BEJA, SERPA Y REGRESO A CASA
Beja
Es uno de los municipios más grandes de Portugal con 35.000 habitantes. Celtas, cartagineses, romanos, visigodos, árabes y reyes cristianos han pasado por sus tierras dejando sus huellas.
Encontrar el centro histórico nos costó un poco puesto que las indicaciones no son claras. Cuando conseguimos encontrar el Castillo y la torre del Homenaje, nos dirigimos a la oficina de turismo. En ella, nos dieron un plano de la ciudad pero nos indicaron que al ser lunes y festivo, muchos de los monumentos estarían cerrados.  Aún así, pudimos constatar que Beja guarda en sus muros un gran patrimonio. Patrimonio este deteriorado en numerosos edificios. Esto nos decepcionó un poco.
Pero pasemos a describir nuestro recorrido por Beja. Una vez en el castillo, pudimos comprobar que una parte del acceso a la torre se había caído por lo que no pudimos subir las escaleras de caracol que nos permiten tener un plano inigualable de las llanuras alentejanas.
Empezamos a callejear y llegamos a la iglesia de Santa María, al Museo Regional, la plaza de la República y a un mercado local de artesanía donde compramos un pequeño portal de belén elaborado con barro.  En todos los edificios se alzaban orgullosas banderolas que informaban de que el cante tradicional alentejano ha sido reconocido por la UNESCO como Patrimonio Mundial de la Humanidad.


Antes de partir hacia nuestro último destino visitamos la Capilla de San Esteban, adyacente al hospital del mismo nombre. De estilo barroco, nos explicaron que debajo del retablo existían unas pinturas góticas que estaban pensando en descubrir puesto que el actual conjunto fue trasladado desde el Convento de San Francisco.

Serpa
Fue nuestro último contacto con el Alentejo y no nos dejó indiferentes. Posee una de las mejores murallas que rodean la ciudad y que conecta con una noria y un acueducto que abastecía de agua a sus habitantes. Las puertas de acceso al núcleo medieval todavía se conservan al igual que la esencia de ciudad fronteriza y defensiva.


El castillo tiene en su entrada una parte que se vino abajo y que se quedó encajonada con otra parte del edificio. Ya se ha quedado como una seña de identidad de este baluarte.
Entre las posibles visitas se encuentran el Museo del Reloj y el Museo Etnográfico. Caminar por sus calles empedradas es todo un placer para los sentidos. Se entremezclan palacios señoriales con casas bajas humildes. Techos altos con azulejos; chimeneas con naranjos y olivos en las plazas; ropa tendida en las aceras con olor a comida; mayores sentados en la plaza con niños correteando por las esquinas.

Hay varios restaurantes para comer en la plaza del pueblo pero nosotros nos fuimos a un local situado en las afueras, el Pedra de Sal. Pudimos saborear un bacalao a la brás (revuelto de bacalao, huevo y patatas paja), camarones a la portuguesa y un queso de Serpa delicioso para untar.
Y con el estómago lleno retornamos en coche hacia nuestra casa con un sinfín de sensaciones acumuladas.

El Alentejo portugués, un territorio plagado de encinas, cigüeñas, pueblos de verdad, largas llanuras, verdes infinitos, un espíritu auténtico y un aire entre melancólico y decadente que nos retrotrae a valores tradicionales que siempre conviene recordar.

Portugal, ese país al que deberíamos valorar más porque simplemente lo merecen sus gentes, sus comidas, sus castillos y sus paisajes.






domingo, 1 de junio de 2014

Cueva de los Murciélagos y Zuheros

En el municipio de Zuheros, en la Subbética cordobesa, se encuentra la Cueva de los Murciélagos. Debe su nombre a este mamífero que podrás ver, si tienes suerte, revolotear dentro de la gruta. Dependiendo del tamaño, los guías los han bautizado no con un nombre científico –que ya lo tienen- sino con nombres cercanos y coloquiales como Pepe, Curro o Paco.
La entrada de la cueva está a unos cuatro kilómetros del pueblo subiendo por una carretera que bordea una formación kárstica digna de elogio. Recuerda al Torcal de Antequera pero las formaciones no son tan definidas ni grandes. El entorno natural es precioso; invita a parar y a hacer un picnic con la familia, a contemplar las especies naturales y a divisar las vistas que desde este punto se tienen de parte de la Sierra Subbética. En la carretera existe un mirador desde donde puede contemplarse el cañón del río Bailón, y si se quiere, iniciar un itinerario de senderismo bordeando el cañón del río mencionado. Para más información sobre este itinerario, se puede visitar:

Pues bien, después de la parada en el mirador, llegamos al centro de recepción de visitantes. El coche se puede dejar en el parking habilitado para ello en la explanada. Una vez hecho esto, hay que ir andando hasta la entrada de la cueva que se encuentra a unos 300 metros y donde se pueden adquirir los tickets.
El precio de las entradas es de 6 Euros para los adultos y 5 para los menores de 14 años. Los niños de menos de 4 años no pagan.
Podemos considerar que el precio de la entrada es adecuada puesto que llevamos visita guiada con explicaciones pormenorizadas de cada lugar.
Si también vais a visitar el Museo Arqueológico de Zuheros y su castillo, merece la pena comprar la visita combinada (7,50 € y 6 € para adultos y niños, respectivamente).
¡Pues ya estamos listos! Si queremos hacer fotos, sólo lo permiten en la sala del Vestíbulo (en la entrada). Después no es posible. Así que si quieres un recuerdo con la familia, aprovecha el momento.
La guía avisa de que se abstengan de entrar en la cueva los asmáticos, enfermos cardíacos, claustrofóbicos o personas que se cansen en exceso. Nos indica que hay un total de 700 escalones que vamos a bajar y subir y unos 450 metros de recorrido. Pese a ir con niños pequeños (4 y 3 años), recomiendo la visita. Los escalones no se hacen pesados puesto que se van haciendo en tramos. La bajada supone unos 65 metros.
La cueva tiene una temperatura constante de unos 10-12 ºC. Es aconsejable llevar alguna manga larga aunque sea verano.
La cueva no se descubre de modo total. Hay muchos pasadizos inaccesibles a los que no se puede entrar. Podemos dividir la visita en varias fases:
1ª-. Vestíbulo y Corredor de las Pinturas: Lo más destacable de esta parte son las pinturas rupestres de cabras rojizas. Se trata de formas esquemáticas con grandes cuernos. A los niños les resulta muy curioso saber que eso lleva allí millones de años.
2ª-. La Sala de las Formaciones: En ella podemos ver espectaculares estalactitas y estalagmitas moldeadas durante miles de años por la filtración del agua de lluvia. Destaca la estalagmita bautizada como “el espárrago” por su gran tamaño y similitud con esta verdura.
En esta parte también se encuentra un enterramiento del año 4200 a.C. Se trata de un esqueleto no visible al visitante puesto que queda oculto por las formaciones rocosas.
3ª-. Sala del Órgano: Su nombre se debe a una formación que recuerda a un órgano de una catedral. En esta sala, los niños y los adultos, tenemos la oportunidad de dejar volar la imaginación y ver formaciones que nos recuerdan a animales u objetos. Los más pequeños disfrutan mucho.
4ª-. Sala del Fémur: Se llama así porque se encontró un hueso humano aunque hoy día no puede verse.
4ª-. Sala de la Celosía y de los Estratos: Por estas salas se pasa subiendo los escalones que nos han tocado bajar antes. Empezamos a notar la entrada de aire y la iluminación natural que nos indica que vamos a salir de la cueva.

Los escalones de mayor dificultad son los de subida. Hay un tramo estrecho, con el techo muy bajo que, si no se tiene cuidado, puede provocar más de un susto. El suelo, debido a la humedad por la continua filtración de agua, es húmedo por lo que es recomendable llevar zapato cómodo que se agarre bien al suelo.

Esta visita merece la pena. Descubrimos un lugar con características naturales espectaculares que les encantará a los niños. A ellos les chifla imaginar historias – de tesoros, misterios y aventuras- dentro de la cueva.

Tampoco podemos dejar de visitar Zuheros. Es un pueblo blanco, enclavado en la roca que no deja indiferente a nadie. Su entramado urbano, el Museo Arqueológico y el castillo, son los atractivos más importantes del lugar. Cuenta con una gran oferta hotelera y de restauración por si, además, decidimos quedarnos a pernoctar. Para comer, totalmente recomendable el restaurante Asador Los Palancos, a los pies del castillo.

El día estaba fresco y no pudimos recorrer más rincones entrañables de este municipio. Rutas de senderismo y rincones naturales nos esperan en una próxima visita.

Para información sobre el pueblo y sus recursos turísticos:

Para información sobre la Cueva de los Murciélagos:


viernes, 30 de mayo de 2014

Consejos para viajar con niños en avión

Después de haber cogido varios aviones con mis hijos - actualmente de 3 y 4 años de edad-, puedo realizar una serie de recomendaciones para hacer del vuelo una experiencia agradable y divertida a otros padres que tienen dudas a la hora de volar con los peques.


1º-. Actitud hacia el vuelo: La predisposición que tengamos los adultos hacia el viaje en avión, la captarán los niños de inmediato. Es mejor que nos vean serenos, con una actitud positiva y con ganas de pasarlo bien. Se le puede contar una especie de cuento sobre el vuelo, las nubes, los pájaros, la altura, etc. En definitiva, somos su ejemplo y no debemos olvidarlo.

2º-. Planifica el viaje: Ya sabemos que cuando se viaja con niños hay que preparar muy bien el viaje. Y si encima se coge un avión, un medio de transporte cerrado, con poco espacio y con una normativa específica, hay que tener en cuenta aspectos como el horario de vuelo (preferible que coincida con las horas de sueño de los niños o la siesta), la comida a llevar y con qué los vamos a entretener.

3º-. La documentación: Para los vuelos domésticos, los menores de 14 años no están obligados a llevar documentación propia. Los padres pueden volar con el libro de familia. A partir de esa edad el DNI es obligatorio. Sin embargo, recomiendo que los niños, desde bebés, tengan sus documentos de identidad, algo que evitará problemas, en su caso. 
Cuando se viaja a un país europeo, basta con el DNI pero si se aterriza en un país no comunitario, es necesario el pasaporte.
No es mala idea que si se viaja al extranjero, nos informemos previamente de las normas del país, podemos evitar más de un susto.

4º-. El carrito o sillita: El carrito puede facturarse de forma gratuita. Antes de pasar por el escáner, se debe plegar. El personal de tierra de la compañía aérea le pone una pegatina identificativa para facturarlo, pero puedes llevarlo hasta justo la entrada al avión.

5º-. Los menores de dos años: Los niños menores de esa edad no ocupan asiento propio. Pagan solo las tasas pero deben ir en el regazo de un adulto anclado con un cinturón de seguridad especial. 

6º-. El despegue y el aterrizaje: Son los momentos más delicados del vuelo, también para los niños. La presión puede darle dolor de oídos, de cabeza o mareos. Para evitarlo, debemos llevar algo para que mastiquen o beban en esos momentos. Puede valer un chicle, alguna chuche o un zumo. Además de paliar los efectos de la altura, se mantendrán entretenidos.

7º-. La ropa: Es mejor que vayan vestidos cómodos, con ropa de algodón y calzado deportivo que no les haga sentirse incómodos porque en la cabina no hay mucho espacio para moverse y es mejor sentirse lo más cómodo posible.

8º-. La comida: Además de ser una necesidad viajando en un avión con niños, es también un entretenimiento. En estos momentos no podemos ser muy estrictos y esperar que coman verduras o sopas. Es preferible llevar comidas sencillas preparadas (sandwiches, patatas, frutas troceadas, chuches,..) de poco tamaño para que nos entren en el bolso de mano. En el avión también podemos comprar bebidas y comidas, aunque no esperemos que sea de gran calidad. 

9º-. El entretenimiento: Podemos ir alguna vez al servicio, estirar las piernas en el pasillo pero poco más. El resto del tiempo hay que pasarlo en el asiento por lo que es imprescindible planificar con lo que vamos a entretener a los peques. Libros para colorear o de pegatinas, cuentos o puzzles son las mejores opciones porque caben en nuestro "multibolso" y a ellos les suele gustar. Otra opción es ponerles un rato la tablet o el móvil con algún juego (aunque no es mi recomendación favorita).

10º-. El comportamiento: El avión también sirve para educar a nuestros hijos sobre cómo comportarse en ciertos lugares y situaciones. Los niños son nuestros. Los demás pasajeros no tienen por qué aguantar sus rabietas o sus lloriqueos. Cuidemos las formas y hagámosles entender cómo deben actuar en un avión. Es un aprendizaje más que les ayudará a saber estar para próximos viajes.

Y con esto, sólo me resta decir: ¡Feliz vuelo!

sábado, 24 de mayo de 2014

Edimburgo en tres días

Nuestro viaje a Edimburgo empezó un viernes por la tarde y terminó el lunes por la noche. El tiempo suficiente para conocer la ciudad caledonia, la de los enigmas escondidos, la de las gaitas melancólicas, la de los rincones frondosos.



EL VUELO
Volamos desde Málaga. Nuestra primera odisea fue encontrar el Parking Mediterráneo, donde dejamos el coche. Está situado en la Barriada Zapata, un lugar perdido entre caminos y carreteras sin terminar próximas al aeropuerto.  Dejar el coche aquí compensa porque es económico, pero más vale buscarlo antes con el GPS para no perderse.
El vuelo salía a las 21:20 de la noche con Ryanair. Para que los niños cenaran durante el vuelo, llevaba preparado unos sandwiches que se comieron de buena gana una vez despegamos. Eran tres horas de avión y debía tener entretenidos a la tropa menuda. Así que llevaba ceras de colores, cuadernos para colorear y chuches. El vuelo se hizo corto y llegamos a nuestro destino a la hora prevista. Tomamos un taxi hasta el apartamento que teníamos contratado (coste de 18 libras) y en quince minutos estábamos instalados.

LA CIUDAD
Edimburgo es una ciudad misteriosa coronada por infinidad de chimeneas que le dan un aire todavía más fantasmagórico. Está repleta de callejones melancólicos, rincones escondidos, cementerios con jardines inquietantes, bosques frondosos, museos gratuitos y gente cordial que te presta ayuda amablemente.
La arteria principal que divide la ciudad es la Royal Mile, una calle de casi dos kilómetros, que divide la ciudad entre la Old Town y la New Town, ambas partes de obligada visita. Conecta el Castillo con el Palacio de Holyroodhouse y es un lugar lleno de gente, de turistas y de tiendas de souvenirs y productos locales.
Generalmente está lloviendo por lo que hay que ir equipado con chubasquero o paraguas. Pero sus temperaturas no son tan frías como correspondería a la latitud en la que se sitúa.

EL APARTAMENTO, SU SITUACIÓN Y OTROS DATOS DE INTERÉS
El apartamento se encuentra a unos cinco minutos andando de la estación de tren de HayMarket. Desde este punto, se pueden coger trenes a otras ciudades que visitar (Stirling, Melrose,..) o autobuses de la compañía Citylink. Se sitúa al este de la ciudad y está muy bien comunicado por autobús con todas las zonas, incluyendo el aeropuerto. Andando está a unos 20 minutos del Castillo de Edimburgo y de la Royal Mile.
Está muy bien amueblado, todo nuevo y equipado con electrodomésticos de todo tipo (lavavajillas, plancha, secador, microondas, horno y vitrocerámica). El personal de recepción es muy amable, te ayuda en todo lo que necesites. Para la basura hay un contenedor justo en la puerta y, por si tienes que usarlo, existe un servicio de lavandería y de consigna.
El precio, para las cantidades que se manejan en los hoteles, está bastante bien. Sobre todo si establecemos una relación calidad-precio. La noche puede salir en torno a 135 €.
Para comprar existe un supermercado Tesco a tan sólo tres minutos andando. Tiene de todo, incluso comidas preparadas por si no se quiere hacer mucho uso de la cocina. El horario es de 6 a 23 horas. Es autoservicio y se paga en unas cajas automáticas.
La parada del autobús se encuentra enfrente del supermercado, muy cerca de nuestra residencia. Las líneas de autobuses son el 1, 34 y 35. Cogimos los dos últimos varias veces y también para ir al aeropuerto (número 35). Los niños menores de 5 años no pagan. El billete sencillo cuesta 1,50  y el Day Ticket (viajes ilimitados en los autobuses Lothian) 3,50 ₤, por lo que merece la pena sacar este último.
Si se quiere coger un taxi desde la zona del centro al apartamento, el precio puede rondar las 6 ₤.



DÍA 1, 17 DE MAYO: OLD TOWN
El Castillo de Edimburgo es el monumento que elegimos visitar en primer lugar. Desde nuestro apartamento estaba a unos veinte minutos andando y allá que nos fuimos con nuestros respectivos niños y sillitas incluidas. Antes de iniciar la subida, nos encontramos con un mercado de productos escoceses. Es el Farmer´s Market que se instala los sábados por la mañana para dar a conocer productos ecológicos y artesanales. Puedes encontrar quesos estupendos de la Isla de Arran, mermeladas de todas las frutas y verduras imaginables y carnes de venado. Te dan a probar, y si te gusta algo, lo compras.
La visita al castillo, después de la subida a pie y de pasar la explanada de entrada, se inicia con una cola para comprar los tickets. Aconsejo no ir muy tarde para ahorrarse largas colas. La entrada al castillo es un poco cara, 16 ₤ para los adultos. Los niños hasta los 5 años no pagan. Si se quiere audioguía hay que pagan un suplemento aparte. El precio me parece excesivo para lo que te muestran en el interior. Si no os interesan demasiado los castillos, los reyes ni el ejército, os recomiendo que os deis una vuelta por la explanada anterior a la fortaleza; hacéis unas fotos, os inundáis del ambiente turístico y cogéis dirección a otro punto de la ciudad.
Eso sí, no dejéis de hacer fotos desde la explanada del castillo. Se tienen buenas vistas de la ciudad.

Si decidís entrar, las partes más interesantes para visitar son Las insignias del Reino, donde se muestra la historia de la joyas de la corona escocesa (Piedra del Destino, Corona, Cetro, Vaina y Cinto), las prisiones de guerra, la capilla de Santa Margarita y The Royal Palace - donde se pueden ver las batallas más importantes en las que han luchado los soldados escoceses y una hornacina en honor de los caídos-. La duración de la visita es de dos a tres horas.
A los niños les llama especialmente la atención los cambios de guardia que se producen cada hora en punto y el cañonazo de las 13:00 horas. También pueden pedir a un guardia hacerse una foto cuando no estén en su puesto.

Después de imbuirnos de la historia de la realeza escocesa, nos dirigimos a la Royal Mile. Pasando por The Hub observamos una antigua iglesia reconvertida en la sede del Festival Internacional de Edimburgo, que se celebra en el mes de agosto. Es un edificio gótico que cuenta con la torre de aguja más alta de la ciudad. Siguiendo hacia abajo, y a poca distancia, tenemos la estatua de David Hume. Como podrás comprobar tiene el dedo del pie muy brillante puesto que la tradición dice que da suerte en los estudios. Por la zona escucharás gaitas y barullo de gente, puesto que es una zona muy transitada.
Enfrente se encuentra la Catedral de St. Giles. Es de entrada gratuita pero se pagan 2 ₤ como permiso para hacer fotos y 3 ₤ si se quiere contratar una audioguía. Es una catedral pequeña, de cinco naves, de estilo gótico en su mayoría. Está consagrada a San Gil, patrón de los leprosos. Tiene unas maravillosas vidrieras que le da al lugar un colorido precioso. En la nave central se encuentra una estatua de John Knox, líder de la Reforma Escocesa. Merece la pena visitar, dentro de la catedral, la Capilla del Cardo (Thistle Chapel). Puedes dar un donativo de 2 ₤ y jugar a encontrar los tres angelitos tocando ciertos instrumentos, uno de ellos tocando la gaita. Es una capilla recogida, construida en estilo gótico durante el siglo XX, con imponentes vidrieras y un coro digno de admirar.
El horario de la catedral es de 9 a 17 horas de lunes a sábado y de 13 a 17 los domingos. Se tarda menos de una hora en visitarla.

Cuando salimos de la catedral nos dirigimos hacia Victoria Street. Es una calle muy pintoresca con tiendas de todos los colores. En ellas puedes encontrar desde libros antiguos hasta ropa de segunda mano, pasando por artículos de broma. Bajando la calle llegamos hasta la plaza de Grassmarket, un punto importante de encuentro en la ciudad. Allí puedes comer en uno de sus bares o tomarte una pinta de cerveza para hacer un alto en el camino. Hay un ambiente festivo en las terrazas, algo que contrasta con su pasado tenebroso. En esta plaza, durante la Edad Media, se llevaban a cabo las ejecuciones. La gente era testigo de ahorcamientos y torturas. En el centro de la plaza hay un adoquín en forma circular con una cruz que marca el lugar exacto de esos “espectáculos”.
Pudimos visitar tantas cosas porque los niños se habían dormido en las sillitas. Llegó la hora de comer –hora española-, y regresamos a nuestro apartamento situado en la zona de Haymarket. Tomamos las calles West Port, Lothian Street, Fountainbridge, Grove Street y Brandfield Street, en la que se encuentra nuestro apartamento.  Reponer fuerzas para seguir en la brecha.

Habiendo descansado un poco, sillitas y niños en ristre, nos disponemos a seguir conociendo Edimburgo. Nos dirigimos a un lugar especial: el Cementerio de Greyfriars. Es un camposanto muy peculiar y lleno de historias, tiernas y macabras. La más famosa hace referencia a otro personaje famoso de la ciudad, el perrito Bobby. Fue un terrier que vivió en el siglo XIX y que, tras morir su dueño, lo veló durante doce años; murió en la propia tumba de su amo. En su honor, se erige un monumento en el que se ensalza la fidelidad del perro. Encontraréis siempre peluches, palos de madera y otros objetos que dejan los visitantes para el perro. A los niños les gusta mucho esta historia cargada de ternura. La película de Disney “Greyfriars Bobby” está inspirada en estos hechos.
Este cementerio con aspecto lúgubre y misterioso, que bien merece un paseo, tiene historias de fenómenos sobrenaturales y de películas de miedo. Podéis ver que hay tumbas rodeadas de rejas pero esto no es casual. En la Edad Media había “robacadáveres”, ladrones que se dedicaban a vender los cuerpos a la Facultad de Medicina para la investigación; por ello, los familiares de los difuntos no tenían más remedio que rodear las sepulturas con esas rejas.
Al salir del cementerio y enfilando la calle George IV Bridge, podemos ver una escultura del perrito Bobby. Es muy típico hacerse fotos con uno de los canes más famosos del mundo.
En esta calle se encuentra la cafetería donde J.K. Rowling empezó a escribir Harry Potter. El local se llama The Elephant House, es pequeño y pintado de burdeos. Podrás observar que siempre hay muchos curiosos mirando a través de los cristales.
Siguiendo por la misma vía llegamos a la calle principal, Royal Mile. Sigue conservando el encanto medieval con sus edificios de poca altura, sus tiendas de recuerdos y los llamados closes. Son callejones que se adentran hacia “patios de vecinos” encantadores donde se sale del bullicio para respirar paz y tranquilidad. Hay algunos especialmente bonitos como el White Horse situado en el número 27, en la parte denominada Canongate.
Justo antes de llegar a ese punto, se encuentra la Iglesia de Canongate, un templo presbiteriano en el que se encuentra la tumba de Adam Smith. Antes de entrar nos llamará la atención una estatua. Está dedicada al poeta escocés Robert Fergusson. Siguiendo la calle y en la acera de enfrente, podemos ver un edificio que rompe con el entorno. Se trata del Parlamento de Escocia, un edificio polémico por su estilo y características. Acoge a los parlamentarios en un ambiente de modernidad y con las últimas tecnologías posibles. Se puede visitar con un tour guiado o solicitando asistir a una sesión plenaria. De todos modos, salvo que os guste mucho la arquitectura, no merece la pena su visita.
Delante del Parlamento, se alza otro de los edificios más turísticos de la ciudad: El Palacio de Holyroodhouse. Su horario es de 9:30 a 18:00 horas. En los días de nuestra estancia estaba cerrado, aunque desconocemos el motivo.
Nos quedamos con las ganas de visitarlo porque dicen que merece la pena. Cuenta con una decoración interior muy suntuosa, con muebles y tapices antiguos. Es de destacar la “Great Gallery”, una grandiosa estancia en la que la reina recibe a las visitas oficiales. El Palacio sigue en uso puesto que es la residencia oficial de la reina cuando se encuentra en Escocia.



Desde el punto donde nos encontramos podemos ver la colina de Arthur´s Seat. Es un promontorio volcánico con unas vistas estupendas de la ciudad. Si tenéis ganas y tiempo de andar, una hora de subida y otra hora de bajada. Las vistas seguro que merecen la pena.

Nos hemos recorrido a pie la “milla” que tiene la Royal Mile, así que decidimos coger un taxi. Nos dirigimos ahora a la Charlotte Square, en la New Town. Es una plaza cuadrada rodeada de residencias elegantes y de gente sofisticada. Nos compramos un helado y enfilamos una calle peatonal, Rose Street. Sus múltiples bares y los adornos de banderitas, dan a la calle un ambiente festivo. Restaurantes de todas las nacionalidades y estilos se recortan a ambos lados de la calle. Paseando llegamos a la otra arteria principal de la ciudad, Princess Street. Es la calle comercial por excelencia. Podemos encontrar tiendas internacionales y comercios locales. Está repleta de gente comprando y de autobuses que van y vienen continuamente. Los jardines merecen la pena. Son alargados y albergan, además de ardillas y otros animales, la Scottish National Gallery. Se trata de un edificio neoclásico que acoge una importante colección de pintura y escultura con estilos que van, desde el Renacimiento hasta el Posimpresionismo. La entrada es gratuita y, pese a que nos encantaría haber estado, lo aplazamos para otro viaje.
A pocos metros de allí, nos encontramos con una torre gótica en la que descansa una escultura dedicada al escritor Walter Scott. Se puede ascender por su escalera de caracol hasta la cúspide y contemplar, después de subir más de 200 escalones, Edimburgo desde las alturas .
Aunque al final decidimos no hacerlo, nos planteamos realizar un tour nocturno con guía en español de la empresa Mercattours. Realizan una ruta de poco más de una hora por cementerios y lugares lúgubres de la ciudad. Hacen una ambientación fantasmagórica que es muy atractiva para toda la familia. Empieza a las 19:30 horas.
Como puede deducirse, estamos cansados tras el día tan intenso. Hemos disfrutado en familia haciendo lo que más nos gusta. Ahora toca cenar y descansar.

DÍA 2: 18 DE MAYO, CAMBIO DE PLANES
Este día era domingo. Pensábamos ir por la mañana a Stirling y nos dirigimos a la estación Haymarket –a cinco minutos andando-. Tuvimos que cambiar los planes porque no había autobuses (por ser domingo) y el tren hacía trasbordo y no nos interesaba el horario.
El cambio de planes nos llevó a elegir la visita del yate real Britannia. Cogimos el autobús 34 que nos llevó a la Ocean Terminal, en el barrio de Leith. Es la última parada así que no tiene pérdida. Al barco se accede por la segunda planta de un centro comercial que se encuentra en la zona.
Este barco ha sido testigo, hasta 1997, de viajes de placer de la familia real británica. Entre los viajes más sonados, se encuentra la luna de miel de Lady Di y el príncipe Carlos. También han formado parte de sus ocupantes, personalidades como Nelson Mandela o Bill Clinton. Hoy día es una atracción turística muy visitada por los británicos.  Y un buen modo de reconvertir un barco obsoleto, en una fuente de ingresos para la ciudad. La visita al barco dura en torno a dos horas. Se pueden ver todas las partes, incluyendo las habitaciones privadas de la reina y del resto de la familia real. En la parte de descanso de la tripulación, existe un pequeño bar en el que se pueden hacer fotos con las gorras de los oficiales.
Para los niños es muy entretenida la visita. Los menores de cinco años no pagan. Si los niños tienen entre 5 y 17 años, el precio es de 6,5 ₤. Para los adultos, se eleva a 12 ₤.
Más o menos dos horas después, estábamos volviendo al centro en el mismo autobús. Es interesante sentarse en la planta alta, en primera fila, para contemplar los lugares por los que pasa. El barrio de Leith, los alrededores de la colina de Calton, la animada Princess Street con gente entrando y saliendo de los comercios  -abren incluso los domingos -, la bajada por la calle Lothian y llegada a nuestra parada.
El hambre aprieta así que nos apresuramos para llegar al apartamento y comer tranquilamente como si estuviésemos en casa.
Tras una sobremesa de café, nos dirigimos a la aldea Dean Village. Cogimos el autobús y nos bajamos al lado de la iglesia de St. John. El templo, de estilo gótico, fue construido en el siglo XIX y destacan sus magníficas vidrieras. La guía que se puede coger en la entrada argumenta que son los mejores vitrales de toda Escocia. Junto a la iglesia hay algunas tiendas de comercio justo y ONGs que venden productos para asociaciones benéficas. Junto a la iglesia, hay otro cementerio que bien vale otro paseo.



Una vez que cruzamos la calle, nos dirigimos a Dean Village pasando por Queenferry Street. Nos detenemos una vez llegamos al Dean Bridge y bajamos por la calle anexa. El paisaje que se abre ante nosotros es de postal. Parece como si se retrocediera en el tiempo. Una aldea medieval se presenta ante nuestros ojos, cruzada por el río Leith y por una fresca vegetación que nos envuelve. Un poco más adelante nos encontramos un edificio de ladrillo rojo con ropa tendida en un patio de vecinos central. Parece increíble que nos encontremos en una gran ciudad. En ningún momento se deja de escuchar el murmullo del río. Nos adentramos en el paseo Water of Leith, una ruta que bordea el río, en dirección The Scottish National Gallery of Modern Art - centro con obras de Velázquez, Van Gogh o Picasso-. El paseo es más que bucólico. A los niños les gusta echar de comer a los patos y es un placer encontrarse con cascadas en plena ciudad. Totalmente recomendable y menos turística que otras zonas.
Partimos con la intención de coger un autobús de vuelta. De camino, pasamos por el cementerio Dean, un camposanto en el que siguen enterrando a los difuntos. Es muy grande y está al lado del Stewart's Melville College,  edificio estudiantil antiguo, al estilo de Harry Potter. Enfrente, hay una parada de autobús y cogemos el número 41. Nos bajamos en George IV Bridge, pasamos por Victoria Street y volvemos a Grassmarket para seguir hasta el apartamento. Ha sido otro día ajetreado, cenamos, nos duchamos y ¡a dormir como un lirón!.

DÍA 3: APROVECHANDO LA JORNADA DE REGRESO
Hoy regresamos. Es nuestro último día en esta ciudad mágica que nos está enganchando con su misterio y encanto. El vuelo sale a las 16:30 y podemos aprovechar toda la mañana.
Tomamos el autobús y nos bajamos al lado de Calton Hill. Es una colina en pleno centro desde la que se tienen unas vistas espectaculares. La colina está coronada por el National Monument, un templo inacabado que simula al situado en la Acrópolis de Atenas y por el Nelson Monument. Para los niños es muy divertida la subida y una vez arriba, les suele gustar las vistas y jugar en el césped. Pero lo más atractivo para ellos es el cañón de Felipe IV, perteneciente a la monarquía española pero que, tras viajar por varios lugares del mundo, terminó colocado en esta colina. Con una foto familiar, tomada por una de tantas japonesas, termina nuestra visita a la cúspide de la ciudad.



Bajamos tranquilamente. Nos tomamos nuestro tiempo con un helado artesanal en la mano. Cruzamos North Brigde y llegamos a nuestro último destino: The National Museum of Scotland. Está dedicado a la historia, personas, geología, fauna, flora y la cultura de Escocia. En él se encuentra disecada la famosa oveja Dolly. A los niños les encantó porque es muy interactivo. Muestra elementos que les atraen especialmente como animales disecados, estrellas del universo, trenes, coches de carreras a los que pueden subir, etc. El Museo, además de ser gratuito, cuenta con una tienda especializada de artículos didácticos para niños que se convierte en blanco para los más pequeños. Con una compra, terminamos la visita a este museo que tanto nos gustó.




Y ya de regreso al apartamento recogemos las maletas y, desde lo alto del autobús 35, nos vamos despidiendo de la ciudad y de la gente que nos han cautivado. Partimos con la promesa de regresar para conocer mejor este apasionante país, con tradiciones ancestrales y unos paisajes impresionantes.